Familia y Escuela es un espacio de encuentro y reflexión sobre la educación de los niños y los jóvenes. A partir de la pedagogía, espiritualidad y carisma de san José Manyanet (1833-1901) y de los Hijos de la Sagrada Familia, abordamos temas educativos teniendo en cuenta que la formación del niño y del joven implica tanto a la familia como a la escuela.
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Thursday, November 9, 2017
Wednesday, November 8, 2017
Saturday, October 22, 2011
Educar para ser una buena persona (y 2)
Podemos obligar a una persona a cumplir unas normas pero no es posible obligar a alguien a ser buena persona. No podemos manipular la intencion de las personas; es mas, la educacion cristiana no trata de manipular a la persona hasta conseguir los resultados apetecidos. Y, aun asi, no renunciamos a educar a las personas para que puedan llegar a ser y ofrecer lo mejor de ellas mismas.
Amar incondicionalmente sin temer el pecado
Los educadores cristianos saben que no hay que temer el pecado, el fracaso, las equivocaciones... Esto es muy importante para los padres, especialmente cuando tienen un hijo-a que les da problemas. No es facil afrontar la falta de respeto, las malas palabras y gestos, el fracaso escolar. No es facil aceptar que un hijo tome decisiones equivocadas; y, sin embargo, todos necesitamos equivocarnos para conocernos mejor a nosotros mismos y, al mismo tiempo, conocer la persona que estamos llamados a ser.
Por eso, nuestro amor debe ser incondicional. Las equivocaciones y el pecado son tambien parte de nuestro crecimiento emocional y espiritual. Esto no significa que debemos ignorar las debilidades, los fracasos y las equivocaciones, pero saber que forman parte de nuestro crecimiento personal nos ayuda a comprender nuestros errores sin paralizar el proceso educativo.
Una persona que no acepta el sentimiento de culpa lo tiene muy dificil para reconocer sus equivocaciones. Pero una persona que no sabe como transformar el sentimiento de culpa en gracia, en perdon y reconciliacion, en energia para hacer algo positivo... queda paralizada y no llega a ser la persona que esta llamada a ser. Por eso, el castigo y las normas, que son siempre necesarias, no deben ser una imposicion fria y calculada para reprimir al que no se comporta bien.
Un caso extremo
Esta semana estuve con una madre que dice que "lo ha intentado todo" con su hija de veintiun anos. No hay manera de que se comporte como una hija y les hace sentir como extranos en su propia casa. Ahora la situacion ha empeorado y creen que el motivo es "drogas", aunque la joven lo niega. La madre me explica por que creen que su hija toma drogas y, finalmente, llegamos a la conclusion de que la hija lo niega para seguir disfrutando de las comodidades que le ofrece la casa de sus padres.
Esta madre tiene otro hijo, casado y con familia, que les dice que la "echen de casa" porque esa no es manera de vivir en la casa de los padres y, ademas, no solo no la hacen un bien sino que de este modo la ayudan a mantener la mala vida que ella esta escogiendo. La madre esta desesperada. Por un lado, no puede vivir de esta manera con su hija y, por otro, se siente culpable solo de pensar en echar a su hija de casa.
Como esta madre es muy catolica le pongo el ejemplo que nos da la parabola del hijo prodigo. Se trata de una parabola que nos presenta a un hijo que quiere vivir a su manera, sin agradecer el amor que le tienen sus padres. El padre sabe que la eleccion de su hijo es muy desacertada. Este padre sabe que su hijo se va a estrellar. Pero tambien sabe que no puede forzar a su hijo a ser un buen hijo, esto es algo que su hijo debe decidir por si mismo. Lo unico que el puede hacer es esperar a su hijo. El modo como este padre muestra su amor incondicional por su hijo es que lo estara esperando con los brazos abiertos si un dia el hijo decide volver. Entonces, no importaran los fracasos y equivocaciones pasadas.
La situacion de la hija de la mujer que tengo frente a mi es un poco mas complicada. Por que? Por que aqui no tenemos a una hija prodiga. La joven se siente tan bien y segura en la casa de sus padres que decide quedarse y menospreciar dia a dia el amor que le tienen sus padres con su comportamiento y modo de vida. Pero esta hija, como el hijo prodigo de la parabola, va a ir de mal en peor. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el hijo prodigo y esta hija: el hijo prodigo recuerda lo que ha perdido al dejar la casa de sus padres, pero esta hija llegara un momento en que no podra distinguir entre la casa de sus padres y el infierno en el que vive.
No, el amor incondicional no se muestra a los hijos haciendo que no sientan sus errores y equivocaciones. Es muy importante que los hijos sientan las repercusiones y consecuencias de sus decisiones, por muy dolorosas que esta sean. En este caso, el problema no comenzo cuando la hija comenzo a tomar drogas, sino cuando la hija creyo que podia vivir en la casa de sus padres sin responsabilidades y haciendo lo que le diera la gana. Por eso, ahora la decision sera mucho mas dolorosa y drastica.
Amar incondicionalmente sin temer el pecado
Los educadores cristianos saben que no hay que temer el pecado, el fracaso, las equivocaciones... Esto es muy importante para los padres, especialmente cuando tienen un hijo-a que les da problemas. No es facil afrontar la falta de respeto, las malas palabras y gestos, el fracaso escolar. No es facil aceptar que un hijo tome decisiones equivocadas; y, sin embargo, todos necesitamos equivocarnos para conocernos mejor a nosotros mismos y, al mismo tiempo, conocer la persona que estamos llamados a ser.
Por eso, nuestro amor debe ser incondicional. Las equivocaciones y el pecado son tambien parte de nuestro crecimiento emocional y espiritual. Esto no significa que debemos ignorar las debilidades, los fracasos y las equivocaciones, pero saber que forman parte de nuestro crecimiento personal nos ayuda a comprender nuestros errores sin paralizar el proceso educativo.
Una persona que no acepta el sentimiento de culpa lo tiene muy dificil para reconocer sus equivocaciones. Pero una persona que no sabe como transformar el sentimiento de culpa en gracia, en perdon y reconciliacion, en energia para hacer algo positivo... queda paralizada y no llega a ser la persona que esta llamada a ser. Por eso, el castigo y las normas, que son siempre necesarias, no deben ser una imposicion fria y calculada para reprimir al que no se comporta bien.
Un caso extremo
Esta semana estuve con una madre que dice que "lo ha intentado todo" con su hija de veintiun anos. No hay manera de que se comporte como una hija y les hace sentir como extranos en su propia casa. Ahora la situacion ha empeorado y creen que el motivo es "drogas", aunque la joven lo niega. La madre me explica por que creen que su hija toma drogas y, finalmente, llegamos a la conclusion de que la hija lo niega para seguir disfrutando de las comodidades que le ofrece la casa de sus padres.
Esta madre tiene otro hijo, casado y con familia, que les dice que la "echen de casa" porque esa no es manera de vivir en la casa de los padres y, ademas, no solo no la hacen un bien sino que de este modo la ayudan a mantener la mala vida que ella esta escogiendo. La madre esta desesperada. Por un lado, no puede vivir de esta manera con su hija y, por otro, se siente culpable solo de pensar en echar a su hija de casa.
Como esta madre es muy catolica le pongo el ejemplo que nos da la parabola del hijo prodigo. Se trata de una parabola que nos presenta a un hijo que quiere vivir a su manera, sin agradecer el amor que le tienen sus padres. El padre sabe que la eleccion de su hijo es muy desacertada. Este padre sabe que su hijo se va a estrellar. Pero tambien sabe que no puede forzar a su hijo a ser un buen hijo, esto es algo que su hijo debe decidir por si mismo. Lo unico que el puede hacer es esperar a su hijo. El modo como este padre muestra su amor incondicional por su hijo es que lo estara esperando con los brazos abiertos si un dia el hijo decide volver. Entonces, no importaran los fracasos y equivocaciones pasadas.
La situacion de la hija de la mujer que tengo frente a mi es un poco mas complicada. Por que? Por que aqui no tenemos a una hija prodiga. La joven se siente tan bien y segura en la casa de sus padres que decide quedarse y menospreciar dia a dia el amor que le tienen sus padres con su comportamiento y modo de vida. Pero esta hija, como el hijo prodigo de la parabola, va a ir de mal en peor. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el hijo prodigo y esta hija: el hijo prodigo recuerda lo que ha perdido al dejar la casa de sus padres, pero esta hija llegara un momento en que no podra distinguir entre la casa de sus padres y el infierno en el que vive.
No, el amor incondicional no se muestra a los hijos haciendo que no sientan sus errores y equivocaciones. Es muy importante que los hijos sientan las repercusiones y consecuencias de sus decisiones, por muy dolorosas que esta sean. En este caso, el problema no comenzo cuando la hija comenzo a tomar drogas, sino cuando la hija creyo que podia vivir en la casa de sus padres sin responsabilidades y haciendo lo que le diera la gana. Por eso, ahora la decision sera mucho mas dolorosa y drastica.
Saturday, October 15, 2011
"Trabajamos para nuestros Hijos"
En la última semana he escuchado dos veces esta frase: “Trabajamos para nuestros hijos”, y me parece oportuno comentar brevemente lo que dicen estos padres pues estoy seguro de que muchos papás y mamás se identifican con ellos.
Uno de los matrimonios también me dijo “era la primera vez que nuestra hija pasaba diez días fuera de casa con sus abuelos y tíos y, para nosotros, fue como aprender durante esos diez días a estar juntos de nuevo”.
En la religión y espiritualidad católicas, el matrimonio debe estar abierto a la vida. Si los esposos, al prometerse fidelidad y amor para siempre, no se comprometen a traer nueva vida al mundo, quién se comprometerá? Quiénes pueden tener una disponibilidad mejor que la de los esposos para traer nueva vida al mundo?
La Iglesia católica no aprueba que un matrimonio rechace el don de la vida porque la vida es un don del amor y el hogar es el mejor lugar para que el amor se viva, se ofrezca, se de... sin reservas.
Tal vez, por este motivo algunos matrimonios han creído que debían “vivir y trabajar para sus hijos”; sin embargo, la buena intención de estos matrimonios para con sus hijos puede ocasionar malentendidos y conflictos, primero, dentro del matrimonio y la familia, y, después, en la sociedad donde esos hijos participarán.
El padre y la madre son los primeros responsables de la salud física, emocional y espiritual de sus hijos mientras estos son menores de edad. Ellos han de ser los primeros en velar por sus hijos, lo cual no quiere decir que los padres tienen que vivir y trabajar “para” ellos. De la misma manera que los hijos no nacen para cumplir los planes de los padres, tampoco la responsabilidad de los padres consiste en “estar al servicio” de los hijos.
Alguien puede preguntarse: ¿por qué? La respuesta es sencilla: el hogar, la familia, es la primera escuela donde las personas aprendemos a mirar más allá de nosotros mismos: de nuestra voluntad, de nuestros sentimientos y emociones, de nuestras debilidades, virtudes y limitaciones.
El padre, la madre, que “vive para” su hij@ se convierte tarde o temprano en un obstáculo ya que su hij@ tardará mucho más en darse cuenta de que “puede haber” un plan y un propósito más importante que el suyo.
Por otra parte, las emociones y sentimientos que el padre o la madre descargan sobre su hij@ se activan de una manera muy dificil de controlar cuando éste descubre que su progenitor “vive y trabaja” para él/la. En estos casos, las emociones y las sentimientos controlan la conciencia de la persona, cuando deberia ser al revés: la conciencia de la persona es la que pone orden en sus sentimientos y emociones.
Uno de los matrimonios también me dijo “era la primera vez que nuestra hija pasaba diez días fuera de casa con sus abuelos y tíos y, para nosotros, fue como aprender durante esos diez días a estar juntos de nuevo”.
En la religión y espiritualidad católicas, el matrimonio debe estar abierto a la vida. Si los esposos, al prometerse fidelidad y amor para siempre, no se comprometen a traer nueva vida al mundo, quién se comprometerá? Quiénes pueden tener una disponibilidad mejor que la de los esposos para traer nueva vida al mundo?
La Iglesia católica no aprueba que un matrimonio rechace el don de la vida porque la vida es un don del amor y el hogar es el mejor lugar para que el amor se viva, se ofrezca, se de... sin reservas.
Tal vez, por este motivo algunos matrimonios han creído que debían “vivir y trabajar para sus hijos”; sin embargo, la buena intención de estos matrimonios para con sus hijos puede ocasionar malentendidos y conflictos, primero, dentro del matrimonio y la familia, y, después, en la sociedad donde esos hijos participarán.
El padre y la madre son los primeros responsables de la salud física, emocional y espiritual de sus hijos mientras estos son menores de edad. Ellos han de ser los primeros en velar por sus hijos, lo cual no quiere decir que los padres tienen que vivir y trabajar “para” ellos. De la misma manera que los hijos no nacen para cumplir los planes de los padres, tampoco la responsabilidad de los padres consiste en “estar al servicio” de los hijos.
Alguien puede preguntarse: ¿por qué? La respuesta es sencilla: el hogar, la familia, es la primera escuela donde las personas aprendemos a mirar más allá de nosotros mismos: de nuestra voluntad, de nuestros sentimientos y emociones, de nuestras debilidades, virtudes y limitaciones.
El padre, la madre, que “vive para” su hij@ se convierte tarde o temprano en un obstáculo ya que su hij@ tardará mucho más en darse cuenta de que “puede haber” un plan y un propósito más importante que el suyo.
Por otra parte, las emociones y sentimientos que el padre o la madre descargan sobre su hij@ se activan de una manera muy dificil de controlar cuando éste descubre que su progenitor “vive y trabaja” para él/la. En estos casos, las emociones y las sentimientos controlan la conciencia de la persona, cuando deberia ser al revés: la conciencia de la persona es la que pone orden en sus sentimientos y emociones.
Tuesday, November 16, 2010
La peor generacion de padres e internet
“Hemos sido la peor generación de educadores”, afirma José María Marco Ojer, profesor de filosofía, padre de dos hijos y Premio nacional de innovación docente a través de materiales por Internet. “Los que ahora estamos en la cuarentena fuimos demasiado permisivos, hicimos de los niños los verdaderos reyes de la casa. Por suerte, las generaciones más jóvenes están cambiando de actitud”.
Nuestro país, explica Marco, venía de un contexto político y vital que promovía una educación muy rígida, y pasó después, por un efecto pendular, al extremo contrario, al de la excesiva permisividad. Ahora tendemos más a buscar el término medio, “lo que está comenzando a percibirse en los padres más jóvenes, que son más exigentes con sus hijos y les dicen en más ocasiones que no”.
Y este cambio de mentalidad es de doble dirección. Porque si de una parte se ponen límites a los chicos con más frecuencia, hay otros aspectos en los que los padres son más tolerantes. Un buen ejemplo son las nuevas tecnologías, que ya no son observadas como negativas en sí mismas: hay progenitores que entienden que un uso moderado de los videojuegos puede ser positivo o que fomentan que sus hijos tengan relación con el ordenador cuanto antes. Lo que resulta socialmente útil, subraya Marco, ya que Internet nos ofrece herramientas que deberíamos tomar en consideración: “tanto los adultos como los adolescentes confunden Internet con diversión y simplicidad. Lo que intento es que los alumnos vean la red como instrumento de trabajo, de posibilidades de opinión, etc”.
Algo en lo que coincide Pedro Molino, coordinador de tutores de la Universidad de Padres impulsada por José Antonio Marina: “Internet es una creación cultural y tecnológica que tendremos que gestionar con inteligencia social. La educación no puede estar de espaldas a la realidad”. En este sentido, Molino señala que el niño puede aprender tanto con estímulos lentos como rápidos. Todo dependerá “de su entrenamiento y de su motivación por lo que aprenda: libros y videojuegos educativos tienen ritmos diferentes, pero ambos pueden ser valiosos”.
Pero esa aceptación de las nuevas tecnologías también implica nuevos peligros formativos. Uno de ellos tiene que ver con la apuesta por los materiales didácticos fluidos y poco densos en detrimento de los libros del pasado, más complicados, lo que puede estar formando a estudiantes que se exigen poco a sí mismos y que no reparan más que en lo fácilmente inteligible. Marco niega estas tesis, en tanto “los alumnos del siglo XXI son alumnos de la imagen, de la interactividad y de la Red. No podemos captar su atención sobre un tema que les interesa poco o nada si además les queremos trasmitir esa información en un soporte que también rechazan”. Por eso, los nuevos recursos, más ágiles e interactivos, “tienen que utilizarse para llegar al mismo lugar: las ideas o los contenidos de cada materia”. Pero esto, subraya Marco, no implica una opción excluyente, ya que tanto los libros como las fuentes que podemos encontrar en la red, “que también las hay densas y que exigen mucho esfuerzo intelectual”, nos pueden ser útiles. La ventaja del ordenador es que “un alumno se siente mucho más cómodo frente a él que ante un libro tocho, aun cuando los contenidos tengan el mismo nivel de complejidad”.
Evitar el esfuerzo
El segundo problema está relacionado con la facilidad con que se encuentra la información en la red y con las posibilidades que los sistemas digitales ofrecen para evitar el esfuerzo. Como afirma Fernando Miralles, profesor de psicología en el CEU, es frecuente que el alumno que esté realizando un trabajo introduzca una palabra en el buscador y copie y pegue párrafos de la primera web que encuentre. Lo cual ofrece dos grandes inconvenientes, el de fiabilidad de la información y el de la escasa dedicación: “Ya no sólo se trata de que copie lo hallado en páginas que hasta tienen faltas de ortografía, sino que puede recurrir a webs como el rincón del vago, donde están los trabajos ya hechos: sólo tiene que ponerles su nombre”. Por eso, Miralles insiste en la necesidad de supervisión de padres y profesores cuando se utilice Internet.
Sin embargo, los recursos que nos ha traído el mundo digital no sólo nos llevan a un contexto de devaluación del esfuerzo; también nos pueden conducir a lo contrario. Porque si hasta la fecha el problema consistía en que los conocimientos no estaban fácilmente disponibles, en la actualidad y gracias a la red, todo parece estar al alcance de nuestra mano. El lado negativo de tan amplios recursos es que no nos aparecen organizados por criterios de calidad: podremos contar con muchísima información, pero sólo si somos capaces de diferenciar lo que vale de lo inservible. Por eso, asegura Marco, “la enseñanza actual debe estar orientada a formar la capacidad crítica, la capacidad de análisis y la selección de contenidos.
"El profesor actual no puede limitarse a transmitir unos conocimientos”. Insiste en ello Pedro Molino, quien subraya cómo “enseñar a pensar y a razonar es algo que no puede copiarse porque depende de un diálogo educativo imprescindible. Debemos recuperar una interacción positiva entre el profesor y el alumno y entre los propios alumnos en el trabajo en equipo. Investigar en la escuela es plantearnos hipótesis, buscar información, comparar y sacar conclusiones”.
Con un ordenador basta
El otro asunto central en cuanto a las opciones educativas de la red es, sin duda, el del control. Dados los riesgos que la utilización de Internet puede conllevar, Miralles recomienda que se pongan límites: “el niño no ha de tener un micromundo en su habitación. Hay muchas familias que permiten a los chicos tener de todo (televisión, equipo de música, ordenador con acceso a Internet) y hacer lo que quieran: llegan, cierran la puerta del cuarto y no salen de allí. Y eso no es educativo, por muchas razones”. Miralles señala, en ese sentido, la utilidad de que en casa “haya un solo ordenador en un sitio accesible a todo el mundo” y que los chicos trabajen siempre con supervisión: “nada de conectarse a Internet con la puerta del cuarto cerrada”.
Marco también recomienda “que los padres estén presentes, que se controle el tiempo frente al ordenador y que se utilicen navegadores adaptados a la edad para evitar que entren en determinadas páginas”, pero, al mismo tiempo, es un decidido partidario de la utilización de las ventajas digitales. “Si tienes un ordenador en casa, está bien que los niños comiencen a utilizarlo cuanto antes”. Porque hay peligros en Internet, pero “al igual que en resto de aspectos de la vida. La diferencia está en si los padres saben dotar a sus hijos de recursos, de modo que puedan ir soltando cuerda y éstos sean cada vez más autónomos”.
En ese sentido, el problema es que quizá estemos reparando en exceso en el medio y mucho menos en el objetivo final, que no es otro que educar bien. Y eso implica, asegura Marco, ofrecer a los chicos una formación académica sólida, pero también proporcionarles normas, valores y principios. Porque “es verdad que los alumnos llegan a la universidad con niveles muy bajos pero para solucionar eso no basta con reparar en los contenidos. Hay que empezar desde los primeros años, dándoles una educación que les haga sentirse confiados en sus capacidades, que sepan que van a poder superar los problemas a los que se enfrenten. Y eso es muy importante en un mundo como el nuestro, donde las cosas cambian muy deprisa: los chicos de bachillerato ya ni siquiera entienden lo que hacen los de primero de la ESO”. Una habilidad con la que, sin embargo, no cuentan nuestros adolescentes, criados por padres permisivos: “se creen el centro del mundo y lo van a pasar mal cuando, por ejemplo, un jefe les marque unos límites”.
fuente:
http://www.elconfidencial.com/
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