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Tuesday, April 16, 2013

Web para profesores cristianos


Acaba de ver la luz una página web para profesores cristianos por iniciativa de la Compañía de Jesús en España.

Esta nueva plataforma ofrece a los profesores cristianos un lugar donde alimentar su doble vocación de profesores y de cristianos. A la vez, nace con la intención de convertirse en foro interactivo que recoja las diversas opiniones sobre temas educativos planteados por los propios agentes.

Cuenta con una estructura dividida en dos secciones: una documental y otra de opinión. En la primera se alojarán documentos de especial relevancia para los profesores, provenientes de fuentes tales como las iglesias, los partidos políticos, las organizaciones sindicales o profesionales, etc.

En la segunda, los docentes podrán encontrar editoriales y artículos que manifiestan la opinión de los promotores de la página sobre diversos temas educativos, los comentarios sobre artículos o libros de reciente publicación, junto con una serie de foros que alojan las reacciones de los usuarios ante las propuestas planteadas.

Los textos están escritos, de manera sencilla y directa, por un grupo de laicos y jesuitas organizados en torno a una mesa de redacción. Ahondan en cualquier tema vinculado a la educación y al estilo cristiano de estar en la escuela.

Desde el respeto con la diversidad de opiniones, profesorescristianos.org trata de propiciar este foro de encuentro donde tenga cabida el pensamiento cristiano sobre la educación.

Para saber más: www.profesorescristianos.org

Fuente: zenit.org

Tuesday, November 8, 2011

Internet/ Educacion y persona

La Asociación Educación y Persona es una organización integrada inicialmente por profesores, maestros y padres de alumnos de la provincia de Toledo (Espana) que comparten un ideal de la docencia centrado en la persona: el amor por la docencia se fundamenta en el amor a las personas por encima de cualquier otro interés pragmático, profesional o ideológico.

Nacida al comienzo de 2007, pretende ser una compañía efectiva y útil para todos los docentes: en sus dificultades profesionales, en sus necesidades de formación, en sus relaciones con la Administración, etc.

Ciertamente, muchas veces, los enseñantes se encuentran solos ante los muchos retos que trae consigo la escuela; Educación y Persona tiene una definida vocación de ayuda y aliento a los docentes de modo que éstos puedan compartir sus inquietudes y atisbar posibles soluciones conjuntas. La organización interna está a expensas de este primer objetivo de atención al docente y sus problemas.

Pero también Educación y Persona desea aportar a la sociedad un juicio objetivo sobre los asuntos que más nos ocupan en el ámbito educativo; por ello, nuestra organización desea enriquecer el debate educativo aportando una voz nueva, representativa de buena parte del profesorado. Una voz independiente inspirada en el humanismo cristiano, sin miedo a compararse con otros puntos de vista, con deseo sincero de medirse con los demás y abierta siempre al reto de educar.

En Educación y Persona creemos que el corazón del ser humano debe ser educado. Educar es transmitir al educando el amor a la vida por medio de las distintas disciplinas y ciencias. Por tanto, la educación es una de las tareas más importantes y nobles que tenemos a la vista. Pero no es sólo responsabilidad de profesionales, sino de todos: especialmente de los padres de familia.

Pensamos que la institución educativa por excelencia es la familia, y que ésta no puede ser sustituida por la escuela. Por ello, en Educación y Persona queremos cuidar la relación con los padres, que son los verdaderos formadores del corazón de los hijos. Y por ello, también, pensamos que el Estado tiene un carácter meramente subsidiario respecto de la familia.

Pocas tareas más bellas y difíciles como la de educar. Frente a la apatía, el desconcierto, el escepticismo o el individualismo bajo los que se cobijan tantos docentes, Educación y Persona está convencida de que la juventud necesita de docentes esperanzados y con alta estima de su trabajo. Profesionales que ayuden a descubrir en sus alumnos que la vida es tan hermosa como dura y hagan de la escuela un lugar en el que se respeten la verdad y el bien de las personas y de la comunidad.

Mas informacion en: http://www.educacionypersona.es/

Tuesday, October 18, 2011

La peor generacion de padres e internet

“Hemos sido la peor generación de educadores”, afirma José María Marco Ojer, profesor de filosofía, padre de dos hijos y Premio nacional de innovación docente a través de materiales por Internet. “Los que ahora estamos en la cuarentena fuimos demasiado permisivos, hicimos de los niños los verdaderos reyes de la casa. Por suerte, las generaciones más jóvenes están cambiando de actitud”. Nuestro país, explica Marco, venía de un contexto político y vital que promovía una educación muy rígida, y pasó después, por un efecto pendular, al extremo contrario, al de la excesiva permisividad. Ahora tendemos más a buscar el término medio, “lo que está comenzando a percibirse en los padres más jóvenes, que son más exigentes con sus hijos y les dicen en más ocasiones que no”.

Y este cambio de mentalidad es de doble dirección. Porque si de una parte se ponen límites a los chicos con más frecuencia, hay otros aspectos en los que los padres son más tolerantes. Un buen ejemplo son las nuevas tecnologías, que ya no son observadas como negativas en sí mismas: hay progenitores que entienden que un uso moderado de los videojuegos puede ser positivo o que fomentan que sus hijos tengan relación con el ordenador cuanto antes. Lo que resulta socialmente útil, subraya Marco, ya que Internet nos ofrece herramientas que deberíamos tomar en consideración: “tanto los adultos como los adolescentes confunden Internet con diversión y simplicidad. Lo que intento es que los alumnos vean la red como instrumento de trabajo, de posibilidades de opinión, etc”.

Algo en lo que coincide Pedro Molino, coordinador de tutores de la Universidad de Padres impulsada por José Antonio Marina: “Internet es una creación cultural y tecnológica que tendremos que gestionar con inteligencia social. La educación no puede estar de espaldas a la realidad”. En este sentido, Molino señala que el niño puede aprender tanto con estímulos lentos como rápidos. Todo dependerá “de su entrenamiento y de su motivación por lo que aprenda: libros y videojuegos educativos tienen ritmos diferentes, pero ambos pueden ser valiosos”.

Pero esa aceptación de las nuevas tecnologías también implica nuevos peligros formativos. Uno de ellos tiene que ver con la apuesta por los materiales didácticos fluidos y poco densos en detrimento de los libros del pasado, más complicados, lo que puede estar formando a estudiantes que se exigen poco a sí mismos y que no reparan más que en lo fácilmente inteligible. Marco niega estas tesis, en tanto “los alumnos del siglo XXI son alumnos de la imagen, de la interactividad y de la Red. No podemos captar su atención sobre un tema que les interesa poco o nada si además les queremos trasmitir esa información en un soporte que también rechazan”. Por eso, los nuevos recursos, más ágiles e interactivos, “tienen que utilizarse para llegar al mismo lugar: las ideas o los contenidos de cada materia”. Pero esto, subraya Marco, no implica una opción excluyente, ya que tanto los libros como las fuentes que podemos encontrar en la red, “que también las hay densas y que exigen mucho esfuerzo intelectual”, nos pueden ser útiles. La ventaja del ordenador es que “un alumno se siente mucho más cómodo frente a él que ante un libro tocho, aun cuando los contenidos tengan el mismo nivel de complejidad”.

Evitar el esfuerzo

El segundo problema está relacionado con la facilidad con que se encuentra la información en la red y con las posibilidades que los sistemas digitales ofrecen para evitar el esfuerzo. Como afirma Fernando Miralles, profesor de psicología en el CEU, es frecuente que el alumno que esté realizando un trabajo introduzca una palabra en el buscador y copie y pegue párrafos de la primera web que encuentre. Lo cual ofrece dos grandes inconvenientes, el de fiabilidad de la información y el de la escasa dedicación: “Ya no sólo se trata de que copie lo hallado en páginas que hasta tienen faltas de ortografía, sino que puede recurrir a webs como el rincón del vago, donde están los trabajos ya hechos: sólo tiene que ponerles su nombre”. Por eso, Miralles insiste en la necesidad de supervisión de padres y profesores cuando se utilice Internet.

Sin embargo, los recursos que nos ha traído el mundo digital no sólo nos llevan a un contexto de devaluación del esfuerzo; también nos pueden conducir a lo contrario. Porque si hasta la fecha el problema consistía en que los conocimientos no estaban fácilmente disponibles, en la actualidad y gracias a la red, todo parece estar al alcance de nuestra mano. El lado negativo de tan amplios recursos es que no nos aparecen organizados por criterios de calidad: podremos contar con muchísima información, pero sólo si somos capaces de diferenciar lo que vale de lo inservible. Por eso, asegura Marco, “la enseñanza actual debe estar orientada a formar la capacidad crítica, la capacidad de análisis y la selección de contenidos".

"El profesor actual no puede limitarse a transmitir unos conocimientos”. Insiste en ello Pedro Molino, quien subraya cómo “enseñar a pensar y a razonar es algo que no puede copiarse porque depende de un diálogo educativo imprescindible. Debemos recuperar una interacción positiva entre el profesor y el alumno y entre los propios alumnos en el trabajo en equipo. Investigar en la escuela es plantearnos hipótesis, buscar información, comparar y sacar conclusiones”.

Con un ordenador basta

El otro asunto central en cuanto a las opciones educativas de la red es, sin duda, el del control. Dados los riesgos que la utilización de Internet puede conllevar, Miralles recomienda que se pongan límites: “el niño no ha de tener un micromundo en su habitación. Hay muchas familias que permiten a los chicos tener de todo (televisión, equipo de música, ordenador con acceso a Internet) y hacer lo que quieran: llegan, cierran la puerta del cuarto y no salen de allí. Y eso no es educativo, por muchas razones”. Miralles señala, en ese sentido, la utilidad de que en casa “haya un solo ordenador en un sitio accesible a todo el mundo” y que los chicos trabajen siempre con supervisión: “nada de conectarse a Internet con la puerta del cuarto cerrada”.

Marco también recomienda “que los padres estén presentes, que se controle el tiempo frente al ordenador y que se utilicen navegadores adaptados a la edad para evitar que entren en determinadas páginas”, pero, al mismo tiempo, es un decidido partidario de la utilización de las ventajas digitales. “Si tienes un ordenador en casa, está bien que los niños comiencen a utilizarlo cuanto antes”. Porque hay peligros en Internet, pero “al igual que en resto de aspectos de la vida. La diferencia está en si los padres saben dotar a sus hijos de recursos, de modo que puedan ir soltando cuerda y éstos sean cada vez más autónomos”.

En ese sentido, el problema es que quizá estemos reparando en exceso en el medio y mucho menos en el objetivo final, que no es otro que educar bien. Y eso implica, asegura Marco, ofrecer a los chicos una formación académica sólida, pero también proporcionarles normas, valores y principios. Porque “es verdad que los alumnos llegan a la universidad con niveles muy bajos pero para solucionar eso no basta con reparar en los contenidos. Hay que empezar desde los primeros años, dándoles una educación que les haga sentirse confiados en sus capacidades, que sepan que van a poder superar los problemas a los que se enfrenten. Y eso es muy importante en un mundo como el nuestro, donde las cosas cambian muy deprisa: los chicos de bachillerato ya ni siquiera entienden lo que hacen los de primero de la ESO”. Una habilidad con la que, sin embargo, no cuentan nuestros adolescentes, criados por padres permisivos: “se creen el centro del mundo y lo van a pasar mal cuando, por ejemplo, un jefe les marque unos límites”.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/

Tuesday, November 16, 2010

La peor generacion de padres e internet













“Hemos sido la peor generación de educadores”, afirma José María Marco Ojer, profesor de filosofía, padre de dos hijos y Premio nacional de innovación docente a través de materiales por Internet“Los que ahora estamos en la cuarentena fuimos demasiado permisivos, hicimos de los niños los verdaderos reyes de la casa. Por suerte, las generaciones más jóvenes están cambiando de actitud”.

Nuestro país, explica Marco, venía de un contexto político y vital que promovía una educación muy rígida, y pasó después, por un efecto pendular, al extremo contrario, al de la excesiva permisividad. Ahora tendemos más a buscar el término medio, “lo que está comenzando a percibirse en los padres más jóvenes, que son más exigentes con sus hijos y les dicen en más ocasiones que no”.

Y este cambio de mentalidad es de doble dirección. Porque si de una parte se ponen límites a los chicos con más frecuencia, hay otros aspectos en los que los padres son más tolerantes. Un buen ejemplo son las nuevas tecnologías, que ya no son observadas como negativas en sí mismas: hay progenitores que entienden que un uso moderado de los videojuegos puede ser positivo o que fomentan que sus hijos tengan relación con el ordenador cuanto antes. Lo que resulta socialmente útil, subraya Marco, ya que Internet nos ofrece herramientas que deberíamos tomar en consideración: “tanto los adultos como los adolescentes confunden Internet con diversión y simplicidad. Lo que intento es que los alumnos vean la red como instrumento de trabajo, de posibilidades de opinión, etc”.

Algo en lo que coincide Pedro Molino, coordinador de tutores de la Universidad de Padres impulsada por José Antonio Marina: “Internet es una creación cultural y tecnológica que tendremos que gestionar con inteligencia social. La educación no puede estar de espaldas a la realidad”. En este sentido, Molino señala que el niño puede aprender tanto con estímulos lentos como rápidos. Todo dependerá “de su entrenamiento y de su motivación por lo que aprenda: libros y videojuegos educativos tienen ritmos diferentes, pero ambos pueden ser valiosos”.

Pero esa aceptación de las nuevas tecnologías también implica nuevos peligros formativos. Uno de ellos tiene que ver con la apuesta por los materiales didácticos fluidos y poco densos en detrimento de los libros del pasado, más complicados, lo que puede estar formando a estudiantes que se exigen poco a sí mismos y que no reparan más que en lo fácilmente inteligible. Marco niega estas tesis, en tanto “los alumnos del siglo XXI son alumnos de la imagen, de la interactividad y de la Red. No podemos captar su atención sobre un tema que les interesa poco o nada si además les queremos trasmitir esa información en un soporte que también rechazan”. Por eso, los nuevos recursos, más ágiles e interactivos, “tienen que utilizarse para llegar al mismo lugar: las ideas o los contenidos de cada materia”. Pero esto, subraya Marco, no implica una opción excluyente, ya que tanto los libros como las fuentes que podemos encontrar en la red, “que también las hay densas y que exigen mucho esfuerzo intelectual”, nos pueden ser útiles. La ventaja del ordenador es que “un alumno se siente mucho más cómodo frente a él que ante un libro tocho, aun cuando los contenidos tengan el mismo nivel de complejidad”.

Evitar el esfuerzo

El segundo problema está relacionado con la facilidad con que se encuentra la información en la red y con las posibilidades que los sistemas digitales ofrecen para evitar el esfuerzo. Como afirma Fernando Miralles, profesor de psicología en el CEU, es frecuente que el alumno que esté realizando un trabajo introduzca una palabra en el buscador y copie y pegue párrafos de la primera web que encuentre. Lo cual ofrece dos grandes inconvenientes, el de fiabilidad de la información y el de la escasa dedicación: “Ya no sólo se trata de que copie lo hallado en páginas que hasta tienen faltas de ortografía, sino que puede recurrir a webs como el rincón del vago, donde están los trabajos ya hechos: sólo tiene que ponerles su nombre”. Por eso, Miralles insiste en la necesidad de supervisión de padres y profesores cuando se utilice Internet.

Sin embargo, los recursos que nos ha traído el mundo digital no sólo nos llevan a un contexto de devaluación del esfuerzo; también nos pueden conducir a lo contrario. Porque si hasta la fecha el problema consistía en que los conocimientos no estaban fácilmente disponibles, en la actualidad y gracias a la red, todo parece estar al alcance de nuestra mano. El lado negativo de tan amplios recursos es que no nos aparecen organizados por criterios de calidad: podremos contar con muchísima información, pero sólo si somos capaces de diferenciar lo que vale de lo inservible. Por eso, asegura Marco, “la enseñanza actual debe estar orientada a formar la capacidad crítica, la capacidad de análisis y la selección de contenidos.

"El profesor actual no puede limitarse a transmitir unos conocimientos”. Insiste en ello Pedro Molino, quien subraya cómo “enseñar a pensar y a razonar es algo que no puede copiarse porque depende de un diálogo educativo imprescindible. Debemos recuperar una interacción positiva entre el profesor y el alumno y entre los propios alumnos en el trabajo en equipo. Investigar en la escuela es plantearnos hipótesis, buscar información, comparar y sacar conclusiones”.

Con un ordenador basta

El otro asunto central en cuanto a las opciones educativas de la red es, sin duda, el del control. Dados los riesgos que la utilización de Internet puede conllevar, Miralles recomienda que se pongan límites: “el niño no ha de tener un micromundo en su habitación. Hay muchas familias que permiten a los chicos tener de todo (televisión, equipo de música, ordenador con acceso a Internet) y hacer lo que quieran: llegan, cierran la puerta del cuarto y no salen de allí. Y eso no es educativo, por muchas razones”. Miralles señala, en ese sentido, la utilidad de que en casa “haya un solo ordenador en un sitio accesible a todo el mundo” y que los chicos trabajen siempre con supervisión: “nada de conectarse a Internet con la puerta del cuarto cerrada”.

Marco también recomienda “que los padres estén presentes, que se controle el tiempo frente al ordenador y que se utilicen navegadores adaptados a la edad para evitar que entren en determinadas páginas”, pero, al mismo tiempo, es un decidido partidario de la utilización de las ventajas digitales. “Si tienes un ordenador en casa, está bien que los niños comiencen a utilizarlo cuanto antes”. Porque hay peligros en Internet, pero “al igual que en resto de aspectos de la vida. La diferencia está en si los padres saben dotar a sus hijos de recursos, de modo que puedan ir soltando cuerda y éstos sean cada vez más autónomos”.

En ese sentido, el problema es que quizá estemos reparando en exceso en el medio y mucho menos en el objetivo final, que no es otro que educar bien. Y eso implica, asegura Marco, ofrecer a los chicos una formación académica sólida, pero también proporcionarles normas, valores y principios. Porque “es verdad que los alumnos llegan a la universidad con niveles muy bajos pero para solucionar eso no basta con reparar en los contenidos. Hay que empezar desde los primeros años, dándoles una educación que les haga sentirse confiados en sus capacidades, que sepan que van a poder superar los problemas a los que se enfrenten. Y eso es muy importante en un mundo como el nuestro, donde las cosas cambian muy deprisa: los chicos de bachillerato ya ni siquiera entienden lo que hacen los de primero de la ESO”. Una habilidad con la que, sin embargo, no cuentan nuestros adolescentes, criados por padres permisivos: “se creen el centro del mundo y lo van a pasar mal cuando, por ejemplo, un jefe les marque unos límites”.

fuente:
http://www.elconfidencial.com/